No soy "TEA", soy autista
Muchas personas autistas rechazan que las llamen "TEA" porque la palabra "trastorno" implica un juicio negativo, como si el cerebro autista estuviera defectuoso. Desde el paradigma de la neurodiversidad, preferimos "persona autista": reconoce nuestra forma única de experimentar el mundo, en vez de reducirnos a un diagnóstico clínico.
Hablar de autismo desde la neurodiversidad es abrir la puerta a una nueva manera de comprender la mente humana. Lejos de verlo como un trastorno, la neurodiversidad nos invita a reconocer que las diferencias neurológicas forman parte natural de la variabilidad humana, igual que la diversidad cultural o lingüística. En este artículo te explico por qué muchas personas autistas rechazamos ser llamadas "TEA", y te cuento, en primera persona, por qué este lenguaje importa más de lo que parece.
¿Por qué a los autistas no nos gusta que nos llamen "TEA"?
La expresión TEA (trastorno del espectro autista), aunque es la que usan los manuales clínicos como el DSM-5, resulta incómoda para muchas personas autistas. El problema está en la palabra "trastorno", que lleva implícito un juicio negativo.
Las comunidades autistas suelen preferir "persona autista" en lugar de "persona con autismo", porque no vemos el autismo como algo separado de nuestra identidad, sino como parte inseparable de quienes somos. Llamar a alguien "TEA" lo reduce a un diagnóstico médico; decir "autista" reconoce su forma única de experimentar el mundo. Es la diferencia entre decir "soy zurdo" y "tengo zurdez".
El lenguaje que usamos para nombrar el autismo cambia cómo nos perciben los demás.
"Tú no pareces autista": mi experiencia
A mí me lo dicen con frecuencia: "pero tú no pareces autista, pareces normal". En el fondo todavía me molesta, aunque ya estoy acostumbrado. Lo que esa frase esconde es la idea de que el autismo tiene un aspecto concreto, visible desde fuera. Y no es así: lo que se ve a simple vista rara vez es todo lo que hay.
Con mi hijo me pasa algo parecido, pero más duro de gestionar. Alejandro tiene 7 años y es autista; su hermana pequeña, de 5, es neurotípica. Cuando viajamos los tres en tren y pido un asiento para él, porque necesita estar sentado y tranquilo, a veces alguien me mira raro: "pero si el mayor es él, que se quede de pie y siente a la pequeña". Y entonces tengo que explicar, delante de todos, que mi hijo es autista. No debería hacer falta justificarse ni enseñar un carnet de discapacidad para que alguien respete una necesidad que no se ve.
No soy una niña "con" autismo, soy autista
Hay que tener un cuidado especial con las palabras que usamos al hablar de personas autistas, como de cualquier persona. Usar términos poco precisos confunde a una sociedad que a menudo ignora por completo que una persona autista no está enferma — en parte porque muchos profesionales sanitarios siguen desactualizados en este tema.
Conocimiento desactualizado
Conozco a muchos médicos que no tienen ni idea de qué es una crisis de meltdown o un perfil sensorial. Y a esto hay que sumar a quienes hacen activismo sobre autismo sin formación real, confundiendo todavía más a las familias que acaban de recibir un diagnóstico y no saben por dónde empezar.
Lo que no se ve también es real
El propio DSM-5 clasifica el autismo en niveles de necesidad de apoyo (1, 2 y 3), precisamente porque el espectro es muy amplio y no todas las necesidades son visibles. Una persona puede hablar con fluidez, mantener una conversación y "parecer normal", y aun así necesitar pausas sensoriales, rutinas claras o apoyo para gestionar una situación social. La discapacidad invisible sigue siendo discapacidad, aunque no venga acompañada de ningún signo externo que la delate.
Por eso insisto tanto en el lenguaje: llamar "TEA" a alguien invita a buscar un "trastorno" visible y a descartarlo si no lo encuentras. Llamarle "persona autista" invita a preguntar, a escuchar, a mirar más allá de lo que se ve a simple vista.
Llamemos a cada condición por su nombre
Decimos que alguien "tiene" algo cuando hablamos de una enfermedad: dolor de cabeza, cáncer, sinusitis. Pero el autismo no es una enfermedad, es una condición neurológica con la que se nace y que acompaña a la persona toda su vida — igual que ocurre con el TDAH o el síndrome de Down.
Por eso en esta web decimos "persona autista" y no "persona con autismo". Son matices de lenguaje que parecen pequeños, pero que cambian por completo cómo se percibe a quien los recibe.
Las palabras no son solo palabras: son la diferencia entre ver a alguien "enfermo" o reconocer su forma única de estar en el mundo.


