

Cuando hablamos de autismo, la regulación sensorial no es un lujo, es una necesidad básica para mantener el equilibrio emocional. Aquí te comparto cinco estrategias prácticas, basadas en el respeto y la validación, que funcionan tanto para niños como para adultos:

Muchos autistas encuentran calma a través de la presión en el cuerpo. Esto ayuda al cerebro a saber dónde están los límites de su propio cuerpo, reduciendo la ansiedad.
• Cómo aplicarlo: Usa mantas pesadas, chalecos de peso o simplemente ofrece un abrazo firme (siempre preguntando antes, ¡claro!).
El mundo puede ser muy ruidoso y caótico. Un entorno con exceso de estímulos auditivos puede llevar directamente a un meltdown.
• Herramienta clave: Los auriculares de cancelación de ruido son salvavidas en centros comerciales o calles transitadas.
La incertidumbre genera picos de cortisol (estrés). Saber qué va a pasar después o a dónde vas o qué te va a hacer el médico, permite que el sistema nervioso se relaje.
Todos necesitamos un lugar donde «escapar» cuando los sentidos colapsan.
• Creación: Monta un pequeño espacio con luz tenue, cojines y fidget toys donde el niño o el adulto pueda autorregularse sin juicios.
Mover las manos, balancearse, dar saltos, girar la cabeza o repetir sonidos no son conductas que deban eliminarse; son mecanismos naturales de regulación de un autista.



El stimming son movimientos o sonidos repetitivos que ayudan a la persona autista a autorregularse. No es una conducta que deba eliminarse, sino una herramienta necesaria para gestionar el estrés o la emoción intensa.
Estos dispositivos reducen el impacto de los sonidos ambientales (como el tráfico o los gritos), evitando que el sistema nervioso se sature y previniendo posibles crisis sensoriales o meltdowns.
La presión firme (como una manta pesada o un abrazo) activa el sistema propioceptivo, lo que ayuda al cerebro a relajarse y a sentir seguridad física, bajando los niveles de ansiedad de forma natural.
Las personas dentro del espectro suelen sentir mucha ansiedad ante lo inesperado. El uso de pictogramas o agendas permite que el cerebro se prepare para lo que viene, reduciendo drásticamente la incertidumbre y el agotamiento mental.
Debe ser un espacio predecible, con luz tenue, sin ruidos fuertes y equipado con herramientas que ayuden a la persona, como cojines, juguetes sensoriales (fidgets) o música suave.